SIMONE WEIL, sobre el amor y la verdad.

Tomado de L’Enracinement  (Gallimard), y traducido por Mercedes García Márquez

El conocimiento de lo que amamos.

Un niño aprende una lección de geografía para tener una buena nota, o por obediencia a las órdenes recibidas, o por dar gusto a sus padres, o por que siente una poesía en los países lejanos y en sus nombres. Si ninguno de estos móviles existe, no aprende su lección. Si en un momento dado ignora cual es la capital de Brasil y  al instante siguiente lo aprende, tiene un conocimiento más, pero no está más próximo de la verdad que momentos antes. La adquisición  de un conocimiento en algunos casos nos acerca a la verdad y en otros casos no. ¿Cómo distinguir los casos? Si un hombre sorprende la mujer que ama, y a quien había dado toda su confianza, en flagrante delito de infidelidad, entra en contacto brutal con la verdad. Si sabe de una mujer a la que no conoce, de la que oye hablar por primera vez, en una ciudad que no conoce, que ha engañado a su marido, esto no va a cambiar de ningún modo su relación con la verdad. Este ejemplo nos da la clave. La adquisición de conocimientos nos acerca a la verdad cuando se trata del conocimiento de algo que amamos, y en ningún otro caso.

El espíritu de veracidad en el amor.

“Amor a la verdad” es una expresión impropia. La verdad no es objeto de amor, no es un objeto. Lo que amamos es algo que existe,  y que pensamos y por eso puede ser la ocasión de producir verdad o error. Una verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es el esplendor de la realidad. El objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear la verdad, es desear un contacto con una realidad, es amarla. No deseamos la verdad nada más que para amar en la verdad. Deseamos conocer la verdad de lo que amamos. En lugar de hablar de amor a la verdad, sería mejor hablar de un espíritu de veracidad en el amor. El amor real y puro desea siempre y por encima de todo mantenerse entero en la verdad, sea cual sea, incondicionalmente. Toda otra expectativa de amor desea sobre todo satisfacciones, y por ello es un principio de error y de mentira. Es el espíritu santo. La palabra griega que traducimos por espíritu significa literalmente soplo ígneo, soplo (aliento) mezclado con fuego, y designaba en la antigüedad, la noción que la ciencia designa hoy con la palabra energía. Lo que traducimos por “espíritu de veracidad” significa la energía de la verdad, la verdad como fuerza agente. El amor puro es esa fuerza activa, el amor que no quiere, a ningún precio, en ningún caso, ni la mentira ni el error.

Simone Weil A

2 comentarios en “SIMONE WEIL, sobre el amor y la verdad.

  1. Dios a puesto en mi camino a esta mujer en un momento muy duro de mi vida , y gracias a ella esty consiguiendo superar esta etapa de mi vida . Gracias por difundir

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