Experiencia de Mercedes García Márquez

Mercedes García Márquez, Licenciada en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.  Formada en la práctica filosófica desde 2005 en ASEPRAF (Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosóficos) Asociación de la que ha sido miembro de la presidencia colegiada de 2007 a 2012 y en la que se ha beneficiado de las enseñanzas de numerosos filósofos prácticos entre los que destacan: Mónica Cavallé, Oscar Brenifier, Ran Lahav y Gerd Achenbach. Desde 2010 a 2013 ha formado parte de talleres de investigación metodológica liderados por Mónica Cavallé. Desde 2009 está integrada en el trabajo del Institut de Pratiques Philosophiques en el que coordina diversas actividades de formación en lengua española. Desde 2009 coordina talleres de diálogo filosófico en medios privados e institucionales y ofrece servicios de asesoramiento filosófico en consulta individual. En julio 2012 funda el Taller de Prácticas Filosóficas desde donde propone actividades de formación presenciales  y a distancia. Desde principios de 2014,  junto con Ana Sanz Fuentes,  imparte un curso de prácticas filosóficas dirigido a los niveles educativos de infantil y primaria  el Centro Regional de Innovación y Formación de la Comunidad de Madrid y lleva a cabo cursos de Formación en Prácticas Filosóficas a distancia.  Contacto: lamersale@yahoo.es y tallerpracticasfilosoficas@gmail.com

 

Foto Mercedes con gafas

Mi experiencia en la Práctica Filosófica.
Escrito por Mercedes García Márquez

Llegué a la Práctica Filosófica desde la comprobación de que los estudios académicos de filosofía carecían de la energía que tienen las preguntas que nos plantea nuestra propia vida. Esas mismas preguntas que yo tenía y que veía atendidas por los grandes filósofos y a las que ellos habían dedicado todo su afán.

En Asepraf encontré la posibilidad de entrar en una comunidad de interés y en su marco, desde 2005, así como en el marco del Institut de Pratiques Philosophiques desde 2009, he ido formándome y puliéndome de la única manera posible: dejándome transformar por la indagación filosófica, el diálogo mayéutico, la atención a mi pensamiento, mis palabras y mis actos. Empezando por el primer e ineludible gran paso: realizar un proceso de Asesoramiento o Consultoría individual con un filósofo experto en la práctica. En mi caso fueron dos: Oscar Brenifier y Mónica Cavallé. A los que les debo agradecimiento y la verdadera devoción que consiste en una ininterrumpida receptividad a la verdad. Con el tiempo se han ido sucediendo multitud de sesiones de práctica de Consultoría Individual realizadas con compañeros, así como el desempeño del papel de Coordinadora de trabajos filosóficos de grupo, talleres y diálogos, cuyo desarrollo son siempre un profundo aprendizaje porque, si bien mi tarea es dinamizarlos, una cosa que ocurre invariablemente es que me hago testigo del trabajo filosófico llevado a cabo por los asistentes que me demuestra el gran potencial del diálogo y del cuestionamiento. En ese recorrido también he podido ver de qué modo el trabajo en solitario tiene sus límites pero también como toma un nuevo sentido: la reflexión se hace más clara y fluida, el pensamiento tiene el refresco y la concreción de haber pasado los filtros del diálogo, su ritmo, su realidad.

La filosofía no es sino una actividad. El hecho de que se la trate como producto acabado, empaquetable y transmisible es una traición a su propio centro de sentido que consiste en la ejercitación y el llevar adelante una búsqueda con los mimbres del propio ser. Es verdad que el camino que uno pueda recorrer podría ser similar al de otros muchos, no somos tan distintos, pero eso no hace sustituible el andar el camino, el propio camino.

El modo en que me he beneficiado de la práctica filosófica ha ido construyendo el sentido que ahora mismo le doy a esa expresión y que me da un bagaje que podría tener efectos para otras personas. Sólo después de años de dedicación he entendido que un interlocutor formado en el trabajo filosófico es imprescindible para pasar de una búsqueda muy motivada pero desorientada a un aprovechamiento de ese impulso para avanzar por un camino más firme. Anteriormente, años de búsqueda solitaria habían dado un resultado insatisfactorio, empezando por una farragosidad y complicación que no ayudaban en nada a una maduración real y sí a crear más confusión y sobre todo mayor desviación de la autenticidad. La ayuda experta supo hacer algo que hoy día considero el gran capital de la propuesta de la práctica filosófica: poner un espejo delante de mí para que yo pudiera, con mis propias fuerzas, ir conociéndome. A partir de ese despliegue de energía comprometida en la búsqueda de la verdad, las lecturas de los filósofos se han convertido en un acompañamiento importante para el camino, nunca un sustitutivo. Multitud de filósofos nos han advertido, a lo largo de la historia, que el pensamiento vivo es insustituible, es curioso que leerles a menudo sirva para hacer lo contrario. La práctica filosófica apuesta por el pensamiento comprometido, abierto a la transformación e inspirado en una tradición que se renueva en cada momento de conciencia alcanzado.

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