Filosofía a la intemperie

Filosofía a la INTEMPERIE:   Hace alusión a la exposición pública de la disciplina filosófica que, siguiendo el principio de este movimiento interesado en la práctica,  gana sentido en la medida en que es compartida con cualquier ser humano, especialmente, y por aquello de crear nuevas oportunidades, allí donde no se dan normalmente, es decir, con quienes no han tenido fácil dedicar su tiempo y su dinero a una formación académica en materia de filosofía.

También quiere aludir, en ese marco de exposición pública,  a una  búsqueda que:

  •  No se queda al amparo de un pensamiento ya elaborado, repitiéndolo sin más. La academia juega su papel, los que nos hemos formado en ella somos los que tenemos que hacer algo más. Que los médicos o los artistas se quedaran en puros historiadores de lo suyo sería impensable. Igualmente, que su único objetivo fuera aportar algo a la historia de sus disciplinas sería un absurdo. Pero esto mismo en la Filosofía pasa casi desapercibido. Solo cobra realidad cuando sentimos el malestar de ser un puro receptáculo de ideas, y que esto no produce una transformación  ni de la propia conciencia, ni de la propia vida, ni de la vida en común, es decir cuando descubrimos que estudiamos prácticamente solo para lucir trazas de filósofos… Triste destino que la filosofía no se merece y nosotros tampoco.
  •  Utiliza un pensamiento que se arriesga a salir de sí y construirse en diálogo con los otros. Sabemos que cuando exponemos nuestro pensamiento, éste se pone a prueba. Esta práctica no sólo nos activa de un modo insustituible, también nos hace realistas sobre la verdadera potencia de nuestro pensamiento, tanto en lo que concierne a sus valores como en lo que respecta a sus límites y condicionamientos.
  • Se mueve fuera de la academia para  llegar a los sitios donde hay demanda y ninguna oferta. En este sentido, se puede dar que la filosofía se vea degradada por un deseo divulgador legítimo pero desorientado,  o puede que, con la suficiente claridad de ideas y con medios filosóficos sencillos pero radicales, consigamos elevar el conocimiento de los que se acerquen. Alguna vez he oído decir que nuestra práctica es elitista, pero quizás quieran decir que es exigente,  y en eso tendrían razón,  porque la práctica filosófica tiene que mostrar exigencias  que son las que van a crear la diferencia con una charla común. Probablemente el enemigo número uno del pensamiento sea precisamente el intercambio mecánico de  tópicos que, a falta de una comunicación inteligente, sirve exclusivamente para estar conectados a los demás y vivir compartiendo “lugares comunes”. En contra de la tesis del elitismo está la consideración de que, por más que efectivamente se pide un esfuerzo, éste no está fuera del alcance de cualquiera que se acerque con seriedad y voluntad de profundizar, de trabajar filosóficamente.
  • Va al encuentro del otro. No se nos oculta que el ejercicio del pensamiento, además de favorecer la conciencia individual, también procura, a través del intercambio, un efecto socializador. El pensamiento se produce en su articulación individual ante los otros y con los otros. Con el intercambio de ideas se produce una multiplicación de su potencia, tanto por la suma, el contraste y  la complementariedad de las ideas  como por la construcción de una síntesis de las mismas. Las actividades grupales de práctica filosófica forman un espacio en el que se superponen varios registros: el pensar por uno mismo, el ser uno mismo, y el ser  y pensar en el grupo.
  •  No se arredra ante la dificultad de llevar la tranquilidad y sosiego propios de la filosofía al mundo cotidiano, que tan a menudo aparece bajo el signo de la urgencia. El filósofo, fuera de la academia, encuentra la presión de la vida productiva, de la supervivencia, de la convivencia. Ante esta presión cabe retroceder por sentir que se da una velocidad incompatible con la reflexión, o bien cabe plantearse aportar a ese mundo de la rapidez y del ruido alguna dosis de la sabiduría del trabajo filosófico: la de pararse a templar el instrumento de nuestra vida que somos nosotros mismos, la de ofrecer un espacio de conciencia para que el rompecabezas de nuestra existencia obtenga el orden y el concierto que necesita con el fin de  obtener mayor plenitud y satisfacción, la de avanzar en una transformación y  maduración personal,  a través de la búsqueda de la verdad, que no termina sino con el final de la vida.
  • Considera que la humanidad en nosotros es algo que se ha de conquistar, como muy bien sabe el proceso educativo. El proceso educativo tiene su continuidad en un trabajo de ejercitación del espíritu  y de maduración que ocupa toda la vida.

Escrito por MERCEDES GARCIA MÁRQUEZ, para el I Congreso Español de Práctica Filosófica y publicada en la obra MÉNDEZ CAMARASA, J. – BARRIENTOS RASTROJO, J. (eds): Filosofía y espacios sociales, Vision, Madrid, 2011.

 

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