Condiciones para que la práctica sea filosófica

1.- Estar aquí y ahora. Presencia y Escucha.
Consiste en fomentar la práctica de la atención a lo que pasa y la escucha de la palabra del otro. Esto ya tiene un reflejo en la exigencia del respeto del turno de palabra, pero a veces hay que reforzarlo con la exigencia de silencio: no se habla mientras otro habla, no sólo porque se pierde el respeto a su palabra, sino porque se pierde la concentración sobre lo que se está tratando. Esto requiere especial trabajo con la gente más joven, pero también con la gente adulta, a la que también es necesario recordárselo para que esté muy presente. Crear las condiciones de posibilidad de la atención es tarea irrenunciable del coordinador, que deberá señalar que una de las claves del intercambio filosófico radica en la actitud generosa de escucha del otro que permite ofrecer un apoyo real al avance de su pensamiento, una escucha del otro que, paradójicamente, es el comienzo de una escucha más profunda de uno mismo.

2.- Desde la tranquilidad.
Cada vez considero más importante crear un medio tranquilo. En nuestras ciudades apresuradas es necesario crear un espacio de sosiego, como medio insustituible para el desarrollo de la actividad pero también como experiencia básica del pensar. Quizás se haga necesario calmar la efusividad llevando la atención por un momento a nuestra agitación. En un estado de nerviosismo y aceleración, el pensamiento es superficial, de mera supervivencia, y por ello precipitado y falto de perspectiva, olvidadizo.
Es importante que el animador dé ejemplo.

3.- Cuestionamiento.
Las prácticas filosóficas en grupo parten de una pregunta que sirve de espoleta. A lo largo de la sesión, y tras la recogida de respuestas que se puedan poner en conexión para hacer síntesis provisionales, se volverán a formular preguntas que, en conexión con la primera, nos inviten a profundizar o a contemplar aspectos problemáticos.
La pregunta es la plasmación de la inquietud, pero también el modo de dinamizar el pensamiento.
La mayéutica como forma de profundización permite ir más allá de lo que iría la persona de motu propio. El coordinador de la actividad fomentará que los asistentes se hagan preguntas entre ellos.
El filósofo tiene que entrenarse en el arte de preguntar.

4.- Conciencia
Naturalmente la conciencia es un movimiento interior que no siempre es visible o detectable, pero es el principio innegociable de una buena práctica filosófica y requiere de algunos gestos que la aseguren. Un gesto en ese sentido es poner algo en evidencia (al principio puede ser el simple enunciado de que lo que se quiere hacer es preguntar u objetar), deteniéndose a ver y constatar lo que se está dando, tanto a nivel de discurso (retomar el hilo o hacer un balance de lo dicho) como a nivel de actitud grupal o individual (si se está produciendo un aumento de la emocionalidad o la compulsión en la palabra con pérdida de calidad en el pensamiento). En cualquier caso, se trata de parar de producir pensamiento incontrolado, proponiendo la observación de lo que ocurre en el proceso de pensar. La conciencia se desarrolla desde cuestiones muy básicas en dirección a niveles más y más integradores, proceso que tendrá su plasmación en una evolución de los asistentes y en la maduración del grupo.

5.- Diálogo
Se opone al monólogo, entendido como intelectualización (sometida a la inercia propia de las palabras y vacía de experiencia concreta) pero también se aleja del pensamiento en soledad: necesitamos a los otros para pensar.
Es fundamental para el desarrollo de un buen trabajo colectivo hacer que entren en conexión los discursos, invitar a cuestionar o comentar las aportaciones de los demás. Si los demás no lo hacen, el filósofo debe señalar los posibles vínculos entre los discursos, bien de coincidencia o bien de contradicción, para abrir el diálogo a niveles más complejos, profundos o inusuales. Es necesario hacerles ver que su discurso tiene consecuencias sobre el pensamiento de los demás, que lo que es obvio para uno es una pieza valiosa para otro. Por ello, trabajar la “obviedad” del propio pensamiento tiene ciertas exigencias (articular claramente la idea) y cumple varias funciones, como el compromiso con la propia palabra y el ofrecimiento a otros de una idea aprovechable. Es impresionante ver en la práctica como una idea nacida de la experiencia y bien articulada tiene un eco inmediato en los demás. Se hace necesario, pues, trabajar algunas ideas lanzadas sin cuidado y a veces incluso sin aprecio por la propia idea, producto a menudo de una falta de confianza en el valor del propio pensamiento.

6.- Construcción del pensamiento en común
Se opone al debate de opiniones, que busca el poder o la seducción.
Comprobamos que necesitamos al otro para pensar mejor porque el pensamiento se da en la confrontación dialéctica. Se avanza sobre la síntesis de las distintas aportaciones. Se pide brevedad, no sólo para dejar tiempo a los demás, sino para que se haga el muy filosófico esfuerzo de síntesis del propio discurso.
Se busca el compromiso del grupo en seguir un hilo investigador, en la atenta escucha del otro y en enlazar, mediante preguntas, aclaraciones u objeciones, con las argumentaciones ya expuestas.

7.- Pensamiento apoyado en la experiencia
Pedir que el pensamiento emitido esté fundamentado en la propia experiencia es una apuesta compartida por prácticamente todas los formatos de práctica filosófica, y esto es así por varios motivos: porque en la medida en que el participante parte de su experiencia tenemos un punto de partida sólido, un suelo firme sobre el que continuar el diálogo y la indagación, que se teje con su ser total; y porque en su vocación integradora propone recoger la aportación creativa y única de cada cual. Si alguien produce un discurso intelectual y despegado de la experiencia se le puede hacer ver con la pregunta: ¿cómo sabes eso?

8.- Pensar por uno mismo
Solo se consigue poniéndose a ello. Se trata de ir superando el vértigo que nos impide confiar en lo que el fondo de nuestro ser nos dice pero que muy a menudo se ignora o incluso se silencia. No sólo se trata de un problema de autenticidad o de valentía en proferir algo que pueda ser recibido con incomprensión (esto es muy común por lo que respecta a lo “políticamente incorrecto”), es que hay además temor al error. Si, visiblemente, el animador atiende a las dificultades, entonces el error o el bloqueo se convierten en simple material de trabajo.
Si hay oscuridad en la expresión hay que trabajar para clarificar, si hay excesiva identificación con las ideas (demasiado apego a las ideas propias) hay que trabajar una cierta objetividad y distancia y favorecer el cuestionamiento de las propias ideas problematizándolas, es decir, siendo capaz de contemplar los argumentos en contra.

9.- Horizonte de competencias filosóficas: son medio y fin
Considero básicas e irrenunciables las siguientes competencias:
• Claridad en el discurso: simplificar, abreviar para poder manejarlo.
• Conceptualización: identificar palabras clave y elaborar distinciones conceptuales. La distinción de los conceptos, pero sobre todo su generación, es una clave del pensamiento capaz de comprometerse en la acción.
• Argumentación: fundamentar racionalmente el discurso es uno de los modos de poner a prueba la consistencia y congruencia interna de lo que sostenemos.
• Problematización: poner en cuestión nuestras afirmaciones, considerar nuestras tesis como hipótesis, interrogar la cuestión en sus presupuestos y consecuencias.

10.- Horizonte de actitudes filosóficas: son medio y fin
• Distancia, perspectiva crítica: nos hacemos conscientes de la distancia entre lo que somos, lo que parecemos y lo que queremos.
• Autenticidad: tiene que ver con ser capaz de aceptar lo que eres, y también de osar saber (el sapere aude de Kant).
• Trabajar el pensamiento activo, no reactivo. Éste es uno de los elementos que más delata el lugar desde donde hablamos. El pensamiento activo requiere unas bases trabajadas poco a poco, fundamentadas y confiables. El pensamiento reactivo improvisa ante la presión, ejercida ésta sobre una personalidad que catapulta el discurso a menudo desde el colapso interior.
• Ser responsable de uno mismo, de lo que decimos, de lo que hacemos.

11.- Cultura filosófica
Las citas y referencias, aportadas al hilo del trabajo, cumplen dos funciones importantes: enmarcar el propio pensamiento en una comunidad que es grande como toda la especie humana y larga como los miles de años en los que venimos repitiendo el acto de pensar, y, por otro lado, advertir que somos capaces de dar a luz por nosotros mismos ideas que otros alumbraron en su momento.
También es importante exponer algunas herramientas básicas o clásicas de la filosofía, como las reglas de la lógica aristotélica, algunas falacias importantes como la de autoridad o la ad hominem o principios básicos como el de razón suficiente de Leibniz, la moral provisional cartesiana, etc.

Escrito por MERCEDES GARCIA MÁRQUEZ, para el I Congreso Español de Práctica Filosófica y publicada en la obra MÉNDEZ CAMARASA, J. – BARRIENTOS RASTROJO, J. (eds): Filosofía y espacios sociales, Vision, Madrid, 2011.

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