¿CÓMO HACÍA FILOSOFÍA SÓCRATES? Taller abierto con Oscar Brenifier, domingo 11 de febrero 2024

19:30 Europa

12:30 Ciudad de México

13:30 Colombia

15:30 Chile y Argentina

Veremos el diálogo como forma de hacer filosofía.

Platón reproduce en sus escritos el modo en que ha aprendido a hacer filosofía con su maestro Sócrates. En sus famosos diálogos nos muestra ese intercambio inquisitivo que va paso a paso en dirección a una mayor profundidad de comprensión de lo tratado, que destruye prejuicios y que problematiza sin temor a la aporía. 

En este encuentro Oscar Brenifier nos mostrará de qué está hecha esa manera de filosofar, de la que la Práctica Filosófica es heredera.

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¿QUÉ DICEN DE TÍ TUS PALABRAS? taller abierto con Oscar Brenifier, domingo 15 de octubre 2023.

“¿QUÉ DICEN DE TI TUS PALABRAS?”

Domingo 15 de octubre 2023

19:30 Francia y España

11:30 Ciudad de México 

12:30 Colombia

14:30 Chile y Argentina

Lo que se dice, lo que se pregunta viene de algún sitio: sólo es la parte visible del iceberg, de un pensamiento dado. Todo discurso necesariamente revelará de una manera o de otra su propia génesis, el substrato del que proviene. A través del trabajo de interpretación, mediante el juicio, examinando cuidadosamente lo que es dicho, deberíamos ser capaces de reunir informaciones pertinentes sobre un sujeto, a través de su discurso, aquello que podemos llamar los presupuestos: las opiniones tácitamente asumidas en una proposición, un argumento o una pregunta, algo que el autor cree que es verdad, lo que piensa o quiere, conscientemente o no.

El próximo domingo Oscar Brenifier dirigirá un taller en el que trabajaremos nuestra habilidad para identificar presupuestos en nuestras afirmaciones o preguntas

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VÍDEO PARA LA REFLEXIÓN:

«LA FELICIDAD» ver video aquí

Oscar Brenifier propone la idea de que la felicidad, en contra del sentido común, viene con la frustración y no con la satisfacción inmediata. La verdadera satisfacción se debe a enfrentarse a retos que nos hagan crecer.

SUSPENSIÓN DEL JUICIO


De manera llana podemos decir que suspender el juicio consiste en evitar dar opiniones, es decir, afirmaciones o negaciones sobre cualquier cosa.

Para ciertas filosofías, suspender el juicio es algo no solo indeseable, sino imposible, ya que pensar es hacer juicios y, dado que somos animales racionales, es decir, animales cuya forma de habitar el mundo es el pensamiento, no hay manera de zafarse del juicio. En este sentido, parece inútil la propuesta original del filósofo Pirrón, quien en la antigüedad propuso la suspensión del juicio como medio para llegar a la serenidad.

Pero Pirrón no buscaba zafarse de las opiniones, eliminarlas de raíz y nunca más formarse alguna. Las opiniones, bien sabía Pirrón, están y estarán siempre ahí. Digamos que llegan involuntariamente, no solo a las conversaciones, sino a nuestra propia mente. Lo que es voluntario, por tanto, lo que está en nuestras manos, es parar la credibilidad que les damos; dejar de afirmarlas sin más; detener el automatismo que tenemos para asentirlas, una vez que han llegado a nuestra mente.

Frenar la manera automática con la que nos dejamos llevar por nuestras opiniones, por un asentir casi inconsciente con el que damos por ciertas tantas cosas, es doblemente difícil de realizar en el monstruo urbano donde habitan los animales racionales contemporáneos.

Sin embargo, aunque no lo logremos en todo momento —y ¿para qué querríamos hacerlo en todo momento?— puede ser que nos sea de utilidad en los momentos en que sabemos que nos dirigimos a un callejón sin salida, o en que nos ponemos, por obra propia de nuestros automatismos, ante una realidad teñida de aburrimiento, de la que ya suponemos saber todo.

Quizá lo más difícil de suspender el juicio sea el acto de sus-pen-der, puesto que, con frecuencia, hacemos algo más que meramente quedarnos en una pausa cognitiva. Comúnmente, lo que hacemos al querer suspender nuestro juicio, por una sabia prudencia instintiva, es más bien llenarnos de dudas y de su fiel acompañante, la angustia. La duda angustiosa es la duda que desea encontrar la verdad y se duele de no tenerla, de no saltar definitivamente a una postura o a otra. La suspensión del juicio, por el contrario, no es quedarnos en la angustia de un dudar que se piensa como un medio para llegar a piso firme. La suspensión es suspensión, toma de distancia, dejar un espacio mínimo de respiro antes de dar por cierto, o por falso, algún tema. Esto nos sirve, inclusive, para darnos cuenta que se trata de un juicio, de una manera de aprehender lo real que, de tan familiar y repetida, nos puede parecer parte del mobiliario natural de la realidad.


Si nos tomamos este breve milisegundo de respiro para tomar consciencia de que lo que tenemos bajo nuestra consideración es un juicio al que estamos dando por cierto, aunque sigamos, tras esta micropausa, opinando lo mismo que antes, algo habrá cambiado. Lo que tenemos ante la vista, ahora se nos presentará como obra de nuestra manera de ver, más que como una forma de ser obvia en el mundo. Removemos un tanto la fijeza con que se nos presentaban las cosas e introducimos la idea de que se trata de una manera de ver, entre tantas otras. Nos apreciamos como autores, más que como pasivos receptores. Y esto, puede hacer toda la diferencia.

Escrito por Nadia Villegas del equipo de Taller de Prácticas Filosóficas