Te invitamos a un taller participativo: trae tus preguntas para que las abordemos…
La práctica filosófica supone una revisión profunda de nuestro discurso, en ella prestamos atención al modo en que nuestro pensamiento se manifiesta y examinamos de donde viene, cuáles son los supuestos que están en juego en nuestra cosmovisión. Supone una deconstrucción de nuestro discurso y por tanto de nosotros mismos.
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Durante mucho tiempo hemos creído que pensar era un privilegio humano, una actividad tan profundamente arraigada en la subjetividad, el afecto y la carne, que ninguna máquina podría reproducir su esencia. Sin embargo, la inteligencia artificial, sin conciencia, sin cuerpo, sin deseos, produce discursos, construye argumentos y resuelve problemas. Esto no significa que piense como nosotros, sino que desafía nuestra propia definición del pensamiento.
Domingo 9 de noviembre 2025
17 h España y Francia
13 h Argentina
13 h Chile
11 h Colombia
10 h México
La IA es útil. No como oráculo ni como sustituto de la mente humana, sino como instrumento crítico: nos ayuda a formalizar, sintetizar, comparar y explorar perspectivas. Pone a nuestra disposición una memoria ampliada, una capacidad de procesamiento sin precedentes, un interlocutor dialéctico inesperado. En este sentido, amplía nuestro campo de acción intelectual, como lo hicieron antes la escritura, la imprenta o el ordenador. Pero, sobre todo, la IA representa un desafío ético y existencial. Nos obliga a cuestionar lo que llamamos «inteligencia», «creación» y «libertad». No amenaza a la humanidad por su poder, sino por lo que revela: si puede hacer lo que hacemos sin ser lo que somos, entonces quizá nosotros mismos hacemos muchas cosas sin ser, pensamos sin pensar, actuamos sin lucidez. No es una usurpadora, es una prueba, una puesta a prueba de nuestras pretensiones. Por lo tanto, el verdadero reto no es saber si la IA piensa, sino saber cómo queremos pensar con ella, contra ella o a pesar de ella. ¿Vamos a utilizarla para evitar pensar o para pensar mejor? ¿Vamos a temerla como a un rival o a acogerla como un espejo exigente? En última instancia, lo que revela la IA no es el futuro de las máquinas, sino el estado actual de nuestra propia relación con la inteligencia, con la palabra, con la alteridad. Y quizá ahí radique su mayor utilidad: obligarnos a ser más responsables y conscientes de nuestro propio pensamiento.