El principio de la consulta filosófica

par Oscar Brenifier

El principio de la consulta filosófica no consiste en resolver un problema, ni siquiera en comprenderlo. Consiste en ser capaz de pensar lo que sea. Para eso, tenemos que encontrar lo que es difícil de pensar para la persona en particular, a través de múltiples preguntas. Evidentemente ciertos problemas aparecerán en el proceso. En otras palabras, trabajamos la transparencia del pensamiento a sí mismo, buscando los obstáculos.

Le principe de la consultation n’est pas de résoudre un problème, ni même de le comprendre. C’est être capable de penser n’importe quoi. Pour cela, nous devons trouver ce qui est difficile à penser chez/pour un sujet particulier, au travers d’une multiplicité de questions. Evidemment, certains problèmes apparaitront durant ce processus. Autrement dit, nous travaillons la transparence de la pensée à elle-même, en cherchant des obstacles.

La Música en la Práctica Filosófica

de Mercedes García Márquez

Argenteuil, 17-18 de enero de 2015, durante un seminario de Práctica Filosófica en el Institut de Pratiques Philosophiques hemos hecho una aproximación filosófica a las artes: Pintura, Teatro, Foto y Música.

Dos participantes presentamos un taller sobre música. Antes que yo Isabelle Millon nos hizo su propuesta de reflexión sobre la música: Nos hizo escuchar dos piezas (Haendel y música Sufí) y pidió elegir entre las dos y escribir el argumento que sostenía la elección. Después se le pasaba la hoja al compañero de la derecha y éste debía encontrar algún problema u objeción. Profundizamos  en las razones. La problemática que más tiempo nos llevó fue la de la subjetividad del juicio y si esto lo hacía irrefutable y la de la posibilidad de hacer un juicio objetivo sobre la música y el arte en general.

El surgimiento de este problema fue muy oportuno para poder plantear mi propio taller sobre música basado en la metodología de MUSICOSOPHIA y aprovechando la dinámica de la PRÁCTICA FILOSÓFICA. Esta fusión se convierte en un modo de investigación activo sobre una pieza musical que pone en práctica unos instrumentos conceptuales para hacer un acercamiento plurifacético de la pieza musical: desde el acercamiento fenomenológico al de la conceptualización, desde el experiencial al análitico y siempre con el cuestionamiento como instrumento y el diálogo como medio de reflexión realizada en común.

Plantee el taller en cinco etapas de trabajo que en la Práctica filosófica siempre son muy lentos, muy detenidos, reflexionando sobre cada cosa. Agradezco especialmente a los organizadores que me dejaran prolongar mi taller hasta 2h 30 mn.

En la primera les hice escuchar la pieza con los ojos cerrados y primero vimos cuál sería la razón por la que cerrar los ojos mejoraría la escucha. Y después de la audición  les pedí escribir un concepto que estuviera en relación con lo que habían oído.

En la segunda etapa, les hice tararear, y vimos el efecto de tararear, la dificultades para bien y para mal y para algunos la imposibilidad.

En la tercera les pedí que eligieran cuál había sido el modo que les había acercado más a la música escuchada,  si adjudicarle un concepto o tararearla. La sala estuvo dividida más o menos al 50%. Se expusieron las razones que fueron profundizadas con preguntas.

En la cuarta etapa, se volvía a escuchar la pieza tratando de buscar criterios que nos permitieran analizar la pieza, distinguir elementos, discriminar partes.

Tomamos nota: definición/indefinición, los diferentes instrumentos, la melodía y el fondo, frases y repeticiones. Que fueron aclarados y cuestionados, especialmente el de las frases, término en el que nos detuvimos bastante para ver cómo era eso de la frase en música. Salieron a relucir  varias cuestiones relacionadas (entre otras si la música siempre tenía frases y repeticiones o no, salieron a relucir algunas músicas que no son así como el freejazz)… alguien quiso sustituir el término «frase» por «motivo», otros decían que motivo era demasiado instantáneo que «frase» le iba mejor porque se daba más en el tiempo. Y aunque costó dar algunas vueltas alguien al final verbalizó que la frase se formaba con un silencio delante y otro detrás. Al menos ese era suficientemente claro y operativo  para poder aplicarlo.

Y así lo hicimos en la quinta etapa, en la que procedimos a una nueva escucha de la pieza (el Allegro de Les petits riens de Mozart) buscando aplicar el criterio de la distinción de las frases y nombrarlas con letras para poder identificar las repeticiones.

JM se prestó a exponer su trabajo en el que había  contemplado  unas divisiones extremadamente precisas, (a,b,a,c,d,e,d,e,a,c´) división que dejó conformes a la mayoría, menos a una particpante que decía que estaba demasiado troceado y se perdía el sentido más unitario que era A,A,B,A. Esta nueva propuesta dió pié a hablar de separaciones como «comas» y separaciones como «puntos». ..y yo me limitaba a devolver al grupo si les parecía bien o si tenían alguna crítica. Fue impresionante como surgía del grupo todo un estudio musicológico a partir de la pura atención al fenómeno y la reflexión sobre él.

Disfruté muchísimo, y ellos también. No todo el rato fué fluido hubo momentos de atasco pues el animador filosófico no se debe dejar vencer por la tentación de resolverles las cosas y debe hacer que sean ellos los que busquen la salida … a base de preguntas es como nosotros avanzamos, si avanzar se puede llamar a ese paso lento y a veces dificultoso en el que nos paramos a cada obstáculo para examinar su importancia y su efecto. No deja de ser una buena escuela de paciencia y por tanto de humildad. El premio es un aprendizaje con buenas bases, y que te da autonomía individual y también ganas de seguir  compartiendo con los demás los procesos de investigación.

Padecer y percibir, o cuando el sensible es un insensible

Habría que distinguir padecer una impresión  y percibir la impresión. Así, cuando me irrito, puedo padecer esa irritación, ser determinado por ella, o  bien puedo percibir esa irritación, por un redoble de la sensibilidad. En cierto modo, el “sensible”, en el sentido habitual, carece de sensibilidad: no percibe el afecto que se impone a él, está demasiado pegado, y pegado queda. En cierto modo es ciego, insensible. Mientras que el que es sensible en un sentido riguroso del término puede, al contrario, percibir su propia sensibilidad. En ese sentido distingue su objeto, que es el sujeto de la acción. Ese es el verdadero sensible, véase el hipersensible.

Sin embargo el que solemos llamar hipersensible es en realidad  el insensible que se ignora,  y que remplaza la sensibilidad por la sinceridad (la expresión del padecimiento de la impresión) terminando  por creerse (fijándolo) lo que siente y lo que afirma.

Oscar Brenifier