GUÍA BREVE PARA EL DIÁLOGO FILOSÓFICO EN CLASE

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El diálogo en clase  es un ejercicio colectivo que consiste en profundizar en común sobre una pregunta dada, proponiendo respuestas en forma de hipótesis, desarrollándolas o modificándolas a través de una serie de preguntas pertinentes, y comparando esas diferentes respuestas con el fin de extraer las consecuencias principales de la confrontación de las distintas hipótesis.

El trabajo que deben desarrollar los alumnos se fundamenta en los siguientes puntos: profundizar sobre una pregunta dada, concebir una serie de ideas, articularlas de forma clara y precisa, plantear preguntas adicionales y responderlas, escuchar al otro, confirmar la presencia de una relación lógica o conceptual entre las ideas, y por último, sintetizar o analizar el resultado global del trabajo.

A continuación señalamos unos elementos procedimentales para propiciar el diálogo.

I – Para promover la escucha.

Levantar la mano para pedir la palabra. Esto hará que el profesor pueda repartir la palabra y no hablen siempre los mismos, para que se pueda escuchar la palabra de los más tímidos y los más lentos. En esta línea hay que buscar dar la palabra a los que no hayan intervenido todavía, para asegurar la participación de todos, en particular a los que más les cuesta.

No tener  la mano levantada mientras alguien habla. Para no tener la mente ocupada en qué se va a decir en lugar de escuchar al compañero. Esto se ha complementar con la invitación frecuente por parte del profesor a levantar la mano una vez el alumno haya terminado de hablar.

Trabajar la claridad y concisión. Ante una respuesta larga y confusa, es pertinente solicitar un trabajo de síntesis y de claridad. Con ello gana el que lo realiza y los demás reciben ideas claras sobre las que poder construir otras.

Solicitar repetir la idea del compañero. El profesor puede contribuir a que lo dicho por el alumno sea entendido por todos los participantes del grupo, mediante  el ejercicio de comprobación de la transmisión de la información, preguntándoles a los demás qué han entendido y, si se hace preciso, proponer al emisor que  clarifique.

Es frecuente que algún alumno reaccione vivamente ante una idea que “no le gusta”, hasta el punto que ni siquiera la escucha. Cuando el profesor detecte esa reacción muy cargada emocionalmente, le podrá pedir al alumno que reformule la idea que quiere criticar. Eso hará que se dé cuenta de si ha sido capaz de escucharla o sólo quiere rechazarla. Se le puede proponer que use esta fórmula “No estoy de acuerdo con José cuando dice “….”, porque….”

La fórmula también se puede utilizar para “Estoy de acuerdo…” para ofrecer una razón diferente que apoye esa idea.

Sólo habla uno a la vez. Mientras alguien esté en el uso de la palabra los demás guardarán silencio, el que interviene se dirigirá a todo el grupo (y no tanto al profesor) ya que  todos los presentes constituyen el espacio de reflexión.

No tener expectativas sobre la respuesta. Estaremos abiertos a cualquier respuesta, de lo contrario  no escucharemos las palabras emitidas sino las que querríamos oír.

 

II – Para promover la diferenciación y creación de ideas

Pedir ideas diferentes. Cuando se vaya teniendo ya una serie de ideas, solicitar que hable aquella persona que pueda aportar una idea nueva.

Señalar las ideas repetidas. El profesor preguntará al grupo si la idea que se acaba de aportar es nueva o ya se ha aportado antes. Comprobar que efectivamente no aporta nada nuevo.

Invitar a que se planteen preguntas entre los alumnos. La pregunta nace del asombro, de la incomprensión, o del espíritu crítico. El profesor no tendría que ser  el único en articular preguntas.

Reorientar el diálogo. La creación de ideas ha de ser también pertinente y enfocada en el tema tratado. Si el diálogo se pierde o divaga, es necesario retomar el foco. Para ello podemos pedir si alguien puede hacer un resumen de las ideas más importantes tratadas hasta ese momento.

Si las intervenciones no están engarzadas, si solo resulta una yuxtaposición de exposiciones, hay que buscar la relación entre ideas, tanto si están en sintonía como si se contradicen.

Cambiar de opinión. Apoyar el cambio de opinión articulando la razón por la que ello ha sucedido, nos permitirá entender que nuestro pensamiento puede ser flexible y seguir a la razón.

 

III – Para promover el pensamiento crítico.

El hábito de dar razones. Ofrecer razones en las respuestas debe ser una constante, es así como sacamos a la luz creencias, ideas, latentes que están operando en nuestro modo de vivir sin ser del todo conscientes.

El hábito de problematizar. Cualquier idea es susceptible de ser cuestionada, es así como vemos la solidez o fragilidad de nuestras ideas.

Diferenciar posicionamiento y argumento. Es útil manejar esta diferencia para poder evaluar una respuesta. La respuesta a una pregunta cerrada tendrá que contener un posicionamiento (Sí o No) pero además tendrá que presentar un argumento que será la razón que apoye ese posicionamiento. En una pregunta abierta, se empieza por responder con una hipótesis (que sirve como posicionamiento) que se verá ilustrada con otras ideas (argumentos) que la apoyen y muestren su validez.

Diferenciar crítica interna de crítica externa

Crítica Interna: en la comprobación de la claridad, la relevancia, la coherencia…dentro de la propia respuesta y también la pertinencia con respecto a la pregunta.

Crítica Externa: consiste en el cuestionamiento de los supuestos que subyacen a la respuesta o en la objeción sobre las ideas desde otra perspectiva, otro sistema de valores u otro paradigma de pensamiento.

Pensar dilemas. La realidad nos plantea a menudo situaciones en las que se superponen o se contradicen valores que nos gustaría respetar. Necesitamos discriminar las razones para poder proceder a una decisión. Ante un dilema se ponen a prueba nuestra capacidad reflexiva y nuestra paciencia para tratar cuestiones problemáticas.

IV – Para promover actitudes favorables al pensamiento.

Perder el miedo al error o a la incapacidad. La pregunta es siempre un reto y así hay que planteárselo, no como algo que ha de tener una respuesta asegurada. Incluso para el profesor, el hecho de no tener la respuesta no es más que un momento en el que el pensamiento se pone en marcha y dará el fruto cuando sea, quizás no inmediatamente.

Interesarse por el compañero y sus ideas. Prestar atención a ideas que resulten novedosas o incluso extrañas, no desecharlas antes de examinarlas. La mejor forma de respeto no es aceptar sin más las ideas de otro sino entrar en diálogo con ellas.

Consciencia sobre las emociones. Hacerse observador de las propias reacciones, de las emociones que nos suscita el hecho de tener que hablar y expresar ideas o tener que escuchar las de los otros. La consciencia, en sí misma, es un regulador de las emociones.

La colaboración. El diálogo no es una pelea de ideas ni un “a ver quién puede más”. El diálogo es una indagación sobre una cuestión. Se puede delegar ciertas funciones en algunos alumnos (de manera rotativa) por ejemplo el “detector de respuestas que no responden” (dicho de manera humorística acerca de aquellas respuestas que se desvían notablemente de lo que se pregunta). O el “detector de objeciones que no objetan” (cuando se quiere contradecir una idea pero lo que se ofrece no funciona como contraposición).

V – Límites prácticos del diálogo

 El consenso. Una vez registrados los desacuerdos y ante la imposibilidad de la unanimidad se puede usar el voto de la mayoría para decidir sobre la conclusión a ofrecer.

La mejor hipótesis. Debemos aceptar la hipótesis que tengamos mientras no tengamos otra mejor, a menos que podamos demostrar que no tiene ningún sentido.

El valor de la palabra. Tomamos la palabra del que expone la idea tal y como la emite. Si ante la reacción de sus compañeros el que habla considera que la puede mejorar, bienvenida será la mejora. La claridad de ideas se traspone a la claridad de la palabra.

VI – Para fomentar la conciencia de lo aprendido

Evaluar el trabajo justo antes de finalizar.

Sintetizar las ideas surgidas.

Sacar conclusiones.

Evaluar lo que ha pasado: si ha habido problemas en la discusión y si se han resuelto.

Hacer una relación de lo que se ha aprendido.

Oscar Brenifier y Mercedes García Márquez, Febrero 2020.

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PARA PROFUNDIZAR EN LOS MODOS DE COORDINAR UN DIÁLOGO DE MANERA QUE SE PROFUNDICE EN LAS IDEAS SURGIDAS EN UN DIÁLOGO CONSULTAR LAS SIGUIENTES OBRAS DE OSCAR BRENIFIER:

“EL DIALOGO EN CLASE”

http://www.pratiques-philosophiques.fr/wp-content/uploads/2015/07/El-dialogo-en-clase-ORIGINAL.pdf

“LA PRÁCTICA DE LA FILOSOFÍA EN LA ESCUELA PRIMARIA”

http://www.pratiques-philosophiques.fr/wp-content/uploads/2018/03/Filosofia-escuela-primera-esp.pdf

La Música en la Práctica Filosófica

de Mercedes García Márquez

Argenteuil, 17-18 de enero de 2015, durante un seminario de Práctica Filosófica en el Institut de Pratiques Philosophiques hemos hecho una aproximación filosófica a las artes: Pintura, Teatro, Foto y Música.

Dos participantes presentamos un taller sobre música. Antes que yo Isabelle Millon nos hizo su propuesta de reflexión sobre la música: Nos hizo escuchar dos piezas (Haendel y música Sufí) y pidió elegir entre las dos y escribir el argumento que sostenía la elección. Después se le pasaba la hoja al compañero de la derecha y éste debía encontrar algún problema u objeción. Profundizamos  en las razones. La problemática que más tiempo nos llevó fue la de la subjetividad del juicio y si esto lo hacía irrefutable y la de la posibilidad de hacer un juicio objetivo sobre la música y el arte en general.

El surgimiento de este problema fue muy oportuno para poder plantear mi propio taller sobre música basado en la metodología de MUSICOSOPHIA y aprovechando la dinámica de la PRÁCTICA FILOSÓFICA. Esta fusión se convierte en un modo de investigación activo sobre una pieza musical que pone en práctica unos instrumentos conceptuales para hacer un acercamiento plurifacético de la pieza musical: desde el acercamiento fenomenológico al de la conceptualización, desde el experiencial al análitico y siempre con el cuestionamiento como instrumento y el diálogo como medio de reflexión realizada en común.

Plantee el taller en cinco etapas de trabajo que en la Práctica filosófica siempre son muy lentos, muy detenidos, reflexionando sobre cada cosa. Agradezco especialmente a los organizadores que me dejaran prolongar mi taller hasta 2h 30 mn.

En la primera les hice escuchar la pieza con los ojos cerrados y primero vimos cuál sería la razón por la que cerrar los ojos mejoraría la escucha. Y después de la audición  les pedí escribir un concepto que estuviera en relación con lo que habían oído.

En la segunda etapa, les hice tararear, y vimos el efecto de tararear, la dificultades para bien y para mal y para algunos la imposibilidad.

En la tercera les pedí que eligieran cuál había sido el modo que les había acercado más a la música escuchada,  si adjudicarle un concepto o tararearla. La sala estuvo dividida más o menos al 50%. Se expusieron las razones que fueron profundizadas con preguntas.

En la cuarta etapa, se volvía a escuchar la pieza tratando de buscar criterios que nos permitieran analizar la pieza, distinguir elementos, discriminar partes.

Tomamos nota: definición/indefinición, los diferentes instrumentos, la melodía y el fondo, frases y repeticiones. Que fueron aclarados y cuestionados, especialmente el de las frases, término en el que nos detuvimos bastante para ver cómo era eso de la frase en música. Salieron a relucir  varias cuestiones relacionadas (entre otras si la música siempre tenía frases y repeticiones o no, salieron a relucir algunas músicas que no son así como el freejazz)… alguien quiso sustituir el término “frase” por “motivo”, otros decían que motivo era demasiado instantáneo que “frase” le iba mejor porque se daba más en el tiempo. Y aunque costó dar algunas vueltas alguien al final verbalizó que la frase se formaba con un silencio delante y otro detrás. Al menos ese era suficientemente claro y operativo  para poder aplicarlo.

Y así lo hicimos en la quinta etapa, en la que procedimos a una nueva escucha de la pieza (el Allegro de Les petits riens de Mozart) buscando aplicar el criterio de la distinción de las frases y nombrarlas con letras para poder identificar las repeticiones.

JM se prestó a exponer su trabajo en el que había  contemplado  unas divisiones extremadamente precisas, (a,b,a,c,d,e,d,e,a,c´) división que dejó conformes a la mayoría, menos a una particpante que decía que estaba demasiado troceado y se perdía el sentido más unitario que era A,A,B,A. Esta nueva propuesta dió pié a hablar de separaciones como “comas” y separaciones como “puntos”. ..y yo me limitaba a devolver al grupo si les parecía bien o si tenían alguna crítica. Fue impresionante como surgía del grupo todo un estudio musicológico a partir de la pura atención al fenómeno y la reflexión sobre él.

Disfruté muchísimo, y ellos también. No todo el rato fué fluido hubo momentos de atasco pues el animador filosófico no se debe dejar vencer por la tentación de resolverles las cosas y debe hacer que sean ellos los que busquen la salida … a base de preguntas es como nosotros avanzamos, si avanzar se puede llamar a ese paso lento y a veces dificultoso en el que nos paramos a cada obstáculo para examinar su importancia y su efecto. No deja de ser una buena escuela de paciencia y por tanto de humildad. El premio es un aprendizaje con buenas bases, y que te da autonomía individual y también ganas de seguir  compartiendo con los demás los procesos de investigación.

Ho´oponopono, un concepto interesante.

Esta palabra de sonido divertido es un interesante concepto. La Wikipedia lo define como el arte hawaiano muy antiguo de resolución de problemas basado en la reconciliación y el perdón.
Lo que me gustaría destacar es la enorme cantidad de significado que la sola pronunciación de esta palabra puede llegar convocar.
La construcción de la palabra consiste en el prefijo ho´o que sirve para convertir en verbo al sustantivo “pono” cuyo significado es tan vasto que prácticamente incluye todas las bondades imaginables: “bondad, rectitud, moralidad, cualidades morales, procedimiento apropiado o correcto, excelencia, bienestar, prosperidad, beneficio, condición verdadera o natural, deber, adecuado, propio, justo, virtuoso, equitativo, beneficioso, exitoso, en perfecto orden, preciso, correcto, facilitado, aliviado, deber, necesario.”
Lo de la duplicación de “pono” en “ponopono” … es un misterio… quizás responda a que los hawaïanos no tienen temor a resultar insistentes…

El diccionario hawaiano nos dice que Ho´oponopono se refiere a “higiene mental: conferencias familiares en donde las relaciones se corrigen a través de la oración, discusión, confesión, arrepentimiento, compensación mutua y el perdón”.
Una buena práctica que no se encuentra en muchas culturas.

ESA COSA FILOSÓFICA LLAMADA TALLER O WORKSHOP

Escrito por Mercedes García Márquez

El nombre de “taller” (workshop en inglés) nos remite a un trabajo esforzado, a menudo físico, porque en su planteamiento no hay reparos en decir que hay que ponerse “manos a la obra”, hay que trabajar(selo), hay que esforzarse en cumplir con unas instrucciones, hay que someter el producto de tu trabajo al cuestionamiento de los demás participantes y hay que contemplar la posible necesidad de autocorrección. Suena ortopédico y… lo es. En un taller hay un disparo de salida con unas instrucciones precisas, un desarrollo y un remate final que recoja el fruto del proceso. Los que hayáis visto la película “Sólo es el principio” habréis podido observar una curiosa ocurrencia de la maestra: cuando va a dar comienzo al taller de filosofía ella enciende una vela y cuando éste llega a su fin la apaga. Así marca con un gesto la entrada y la salida de un territorio que tiene sus reglas. Sócrates, con la naturalidad del filósofo maduro y genial, las imponía a sus interlocutores en un “aquí te pillo y aquí te pregunto”, algo que no en vano le costó la acusación de enemigo del pueblo y finalmente acatar la muy civilizada invitación a beberse la cicuta que le impediría de una vez por todas seguir haciendo preguntas, al menos a los que quedaban en este mundo. A los filósofos menos maduros, menos geniales y menos suicidas nos viene muy bien la complicidad de las personas que participan en un taller de práctica filosófica, es decir que conozcan unas mínimas bases y que estén dispuestos de antemano a ejercer una crítica radical sobre el  pensamiento que tan a menudo confundimos con nuestra más íntima esencia.

La palabra “taller” nos remite a un lugar de trabajo; el nuestro, de hecho  se acerca un poco al de los herreros; trabajo el suyo que nos ofrece una imagen paradigmática: un obrero que forja instrumentos con otros instrumentos que a su vez han necesitado ser forjados por otros instrumentos. Esta es una idea de Spinoza cuando dice que nuestras ideas se forjan con ideas, tanto como una lanza se forja con un martillo y éste a su vez con una piedra.

¿Cuál es la materia que se somete a la forja filosófica? Se podría señalar sin dudar que la principal es el pensamiento, pero eso nos lleva a decir que, inevitablemente, trabajamos sobre nosotros mismos. Si en filosofía aprendemos a distanciarnos de nuestras ideas para discriminarlas, sopesarlas, evaluarlas, también aprendemos que al tomar conciencia de eso nos cambia la vida. Es decir transforma nuestra percepción de nosotros mismos y del mundo. Nuestras ideas y nuestras palabras no son nuestra identidad más profunda pero sí son un poco como nuestro carnet de identidad, esa carta de presentación de nuestra singularidad. Conocer el perfil y las huellas dactilares que ofrecemos cuando presentamos  nuestro pensamiento es una tarea  larga y trabajosa que tiene sus buenos frutos.

¿Porqué hacer talleres y no otra cosa filosófica?

Porque es el modo de crear una estructura clara en dónde pueden descansar las indagaciones. Puede haber toneladas de genio y de ingenio en la vida, en las conversaciones espontáneas de café, de ascensor o subidos a un andamio, pero ninguna de ellas se plantea la función pedagógica de parar a cada dificultad, de cuestionar lo que no se entiende, de subrayar el hecho de estar usando bien o mal una herramienta de pensamiento, de llevar hasta el final una idea, de apoyar tu elección en argumentos claros, de hacerse consciente de qué modo las palabras que salen de tu boca llegan al entendimiento de tu interlocutor. En fin, todo un entramado de elementos de los que sólo si “paramos el mundo” podemos observar cómo se entretejen, nos estructuran o nos sostienen, algunas veces de mala manera. Esto último, por cierto, bastante doloroso de observar. Pero qué se le va a hacer… nadie dijo que ser humano iba a ser fácil.

Cómo me he referido a la película “Solo es el principio” me veo en la obligación de mencionar que, teniendo ciertas virtudes, no es un buen ejemplo de taller de filosofía. Entre sus virtudes está la impecable buena voluntad de una maestra que no estando formada para el trabajo filosófico con niños tiene el buen gusto de no aleccionarles o adoctrinarles a cada expresión del pensamiento infantil. Pero por otro lado vemos que a penas interviene para hacerles profundizar en lo que dicen, nos encontramos con el vicio principal de este tipo de iniciativas: que por no interferir en su libertad de expresión lo que obtenemos es un intercambio de monólogos que además adolecen de una mínima confrontación con las exigencias de un pensamiento eficaz. Y no estamos diciendo que querríamos que esos niños se expresaran como Salmerón, sino que al hilo de sus hallazgos de pensamiento vayan sabiendo qué están haciendo: encontrar palabras que precisan, usar el ejemplo como prueba o explicación, hacerse conscientes de que no se estaría objetando si no se dice porqué, observar contradicciones….

Los talleres de práctica filosófica tienen fuertes raíces en el movimiento de Filosofía para Niños porque la necesidad de crear un pensamiento autónomo y libre nos remonta a los primeros años de nuestra existencia. Allí donde los más románticos dicen que somos más filósofos, porque nuestro asombro no ceja y donde los más prácticos ven que está el momento en el que se empiezan a forjar nuestras herramientas de conocer y de comportarnos. Un referente fuerte por lo que respecta a los Talleres es el filósofo práctico Oscar Brenifier que hace del trabajo en grupo, un lugar para un fuerte compromiso individual, a cualquier edad desde los 3 a los XL años. Os invito a conocer en sus páginas y en sus videos, ejemplos de lo que son los talleres de práctica filosófica y sus diversos formatos.

EL TRABAJO DE OSCAR BRENIFIER EN DOS CLAVES

Escrito por Mercedes García Márquez

Es una exigencia de la filosofía reducir la variedad de las apariencias a pocos elementos fundamentales.

Después de años cerca del trabajo de Oscar Brenifier me atrevo a resumir su trabajo en dos claves fundamentales  que subyacen a cada gesto, a cada propuesta que hace en sus actividades de Práctica Filosófica.

Cualquiera que se acerque a las actividades del Institut de Pratiques Philosophiques se encontrará con la indicación de que hay que dirigir nuestro esfuerzo y nuestra atención en la profundización y la  maduración de ciertas actitudes propias de la ejercitación filosófica  y al desarrollo y asentamiento de ciertas competencias, también filosóficas(*).  Lo que intento exponer aquí,  es decir los dos pilares, concretos, sobre los que se asienta la forma particular de trabajar de Oscar Brenifier, también se remiten a esa categorización.

Por lo que respecta a su  ACTITUD: Oscar habla siempre desde una total despreocupación por ser apreciado -o rechazado- en su persona. Naturalmente luego los efectos provocados son variopintos, con resultados que van desde un aprecio profundo al aborrecimiento y la censura. Pero lo que nos interesa es que él no funciona condicionado por eso. La persona, el lector de este texto,  que haya probado alguna vez en su vida el sabor de esa actitud sabe lo abismal que resulta y si ha podido llegar a repetirlo en más de una ocasión también habrá comprobado la gran cantidad de energía que se ahorra sobre la marcha aunque … “Dios sabe que consecuencias tendrá”… ¿Qué ganancia hay en ello para el trabajo filosófico? No sólo se trata de simplicidad, cualidad que beneficia tanto al pensamiento, o de libertad, terreno fértil para la creatividad, se trata también de algo menos obvio, se trata de objetividad, de liberar de cualquier deuda con nuestra condición  humana (dependiente, frágil, vulnerable) el proceso de transitar la verdad,  que requiere una energía casi ascética. Es especialmente benéfico para el pensamiento evitar el lastre que conlleva el deseo de la mirada favorable del otro.

Por lo que respecta a las COMPETENCIAS Oscar enfoca el trabajo en lo que él llama “pensar el pensamiento”. Esa y no otra es LA tarea filosófica: examinar el constructo de creencias que se ha ido erigiendo, consolidando, a lo largo de nuestra corta o larga vida, poner la atención en nuestras estructuras mentales, emocionales y conductuales que como relojes suizos funcionan dando la hora, el minuto, el segundo, el “ahora” de nuestra vida. Un trabajo pacienzudo de buceo entre las explicaciones sobre las explicaciones de las explicaciones que nos damos, apartando una a una esas sobreimposiciones infinitas depositadas sobre lo esencial de nosotros mismos que desconocemos.

(*) Descargar documento COMPETENCIAS Y ACTITUDES.

COMPETENCIAS, ACTITUDES iNSTITUT PRATIQUES PHILOSOPHIQUES

ALGUNAS CLAVES PARA LA EXPERIENCIA FILOSÓFICA

Artículo escrito por Mercedes García Márquez. Editado en el nº 14 de la Revista FILOSOFIA HOY, Agosto 2012.

La lectura de este texto no constituye una “experiencia filosófica”, al menos en el modo en que está propuesta desde las Prácticas Filosóficas, en donde se impone la condición de partida de reunir la PRESENCIA viva de un número variable de personas, en el caso de los talleres o diálogos, y de dos personas, en el caso de la consultoría.

Las prácticas filosóficas son la oportunidad y el lugar para convocar el no-tiempo y el no-lugar por excelencia: la conciencia. A ella le damos espacio en medio de nuestras vidas llenas de urgencias y en nuestras ciudades ruidosas.

El primer elemento común a todas las prácticas filosóficas es el de PARAR. La primera urgencia es parar la urgencia, aquietar el ánimo sobreestimulado y a menudo en estado de reactividad; así pues, parar la palabra compulsiva y disponerse a la escucha.

A continuación recogemos otros elementos comunes a las prácticas filosóficas:

  • El estado de APERTURA a una experiencia de cuestionamiento sobre lo que creemos firmemente saber. Se trata de realizar una suspensión de nuestro juicio cotidiano y una aproximación sorprendida a lo que nos parece evidente o damos por supuesto.
  • La puesta en juego comprometida de nuestra SINGULARIDAD, nuestro ser individual y completo, ese ser que nace y muere solo, y que habrá de pensar por sí mismo haciendo uso de su  mayoría de edad, como aconsejaba Kant.
  • La disposición a TRANSITAR el proceso, a hacer un recorrido indagador propio o examen de nuestra experiencia del mundo, muy en particular de nuestra visión, del modo en que interpretamos las cosas, un camino del que no se conoce de antemano la meta y del que, sin remedio, se saldrá transformado, ya que son los mimbres de nuestro propio ser los que entran en juego en él.
  • La asunción de la energía de la PREGUNTA para hacer aflorar las creencias que, a menudo desde instancias no totalmente conscientes, operan generando y sosteniendo nuestro discurso y nuestra conducta.
  • Valorar la manifestación objetiva de nuestro ser, lo que los demás oyen y ven de nosotros, con el fin de producir un conocimiento DESENSIMISMADO. (Nietzsche dirá de nuestro mundo interno que está lleno de “fantasmas y fuegos fatuos”).
  • El exponer nuestra EXPERIENCIA de vida para someterla a observación y a crítica con el fin de que éstas nos den la medida de nuestra parcialidad, de nuestra posible relación interesada o errónea, y así poder llevar a cabo un verdadero aprendizaje. Esto se hace necesario porque, por un lado, se nos acumulan experiencias de vida no examinadas que van dejando su poso mudo en nosotros, y, por otro lado, se nos amontonan en la memoria palabras sin referente vivencial, como cáscaras vacías que usamos en vano.
  • CREAR, producir,  los conceptos adecuados a nuestra experiencia y cotejarlos con la razón común. (Sócrates diría que adoptar ciertos conceptos sin haberlos alumbrado nos deja en la mera opinión.)
  • Observar la COHERENCIA, o su falta, entre lo sentido, lo pensado, lo dicho y la acción.

La exposición de estos elementos no pretende cubrir exhaustivamente la experiencia del filosofar, pues habría que hacer mención a la confianza, la aceptación, la comprensión, la autenticidad  y otras actitudes y experiencias que se van dando en la profundización del camino filosófico.