GUÍA BREVE PARA EL DIÁLOGO FILOSÓFICO EN CLASE

Piet_Mondriaan_-_Arbre

El diálogo en clase  es un ejercicio colectivo que consiste en profundizar en común sobre una pregunta dada, proponiendo respuestas en forma de hipótesis, desarrollándolas o modificándolas a través de una serie de preguntas pertinentes, y comparando esas diferentes respuestas con el fin de extraer las consecuencias principales de la confrontación de las distintas hipótesis.

El trabajo que deben desarrollar los alumnos se fundamenta en los siguientes puntos: profundizar sobre una pregunta dada, concebir una serie de ideas, articularlas de forma clara y precisa, plantear preguntas adicionales y responderlas, escuchar al otro, confirmar la presencia de una relación lógica o conceptual entre las ideas, y por último, sintetizar o analizar el resultado global del trabajo.

A continuación señalamos unos elementos procedimentales para propiciar el diálogo.

I – Para promover la escucha.

Levantar la mano para pedir la palabra. Esto hará que el profesor pueda repartir la palabra y no hablen siempre los mismos, para que se pueda escuchar la palabra de los más tímidos y los más lentos. En esta línea hay que buscar dar la palabra a los que no hayan intervenido todavía, para asegurar la participación de todos, en particular a los que más les cuesta.

No tener  la mano levantada mientras alguien habla. Para no tener la mente ocupada en qué se va a decir en lugar de escuchar al compañero. Esto se ha complementar con la invitación frecuente por parte del profesor a levantar la mano una vez el alumno haya terminado de hablar.

Trabajar la claridad y concisión. Ante una respuesta larga y confusa, es pertinente solicitar un trabajo de síntesis y de claridad. Con ello gana el que lo realiza y los demás reciben ideas claras sobre las que poder construir otras.

Solicitar repetir la idea del compañero. El profesor puede contribuir a que lo dicho por el alumno sea entendido por todos los participantes del grupo, mediante  el ejercicio de comprobación de la transmisión de la información, preguntándoles a los demás qué han entendido y, si se hace preciso, proponer al emisor que  clarifique.

Es frecuente que algún alumno reaccione vivamente ante una idea que “no le gusta”, hasta el punto que ni siquiera la escucha. Cuando el profesor detecte esa reacción muy cargada emocionalmente, le podrá pedir al alumno que reformule la idea que quiere criticar. Eso hará que se dé cuenta de si ha sido capaz de escucharla o sólo quiere rechazarla. Se le puede proponer que use esta fórmula “No estoy de acuerdo con José cuando dice “….”, porque….”

La fórmula también se puede utilizar para “Estoy de acuerdo…” para ofrecer una razón diferente que apoye esa idea.

Sólo habla uno a la vez. Mientras alguien esté en el uso de la palabra los demás guardarán silencio, el que interviene se dirigirá a todo el grupo (y no tanto al profesor) ya que  todos los presentes constituyen el espacio de reflexión.

No tener expectativas sobre la respuesta. Estaremos abiertos a cualquier respuesta, de lo contrario  no escucharemos las palabras emitidas sino las que querríamos oír.

 

II – Para promover la diferenciación y creación de ideas

Pedir ideas diferentes. Cuando se vaya teniendo ya una serie de ideas, solicitar que hable aquella persona que pueda aportar una idea nueva.

Señalar las ideas repetidas. El profesor preguntará al grupo si la idea que se acaba de aportar es nueva o ya se ha aportado antes. Comprobar que efectivamente no aporta nada nuevo.

Invitar a que se planteen preguntas entre los alumnos. La pregunta nace del asombro, de la incomprensión, o del espíritu crítico. El profesor no tendría que ser  el único en articular preguntas.

Reorientar el diálogo. La creación de ideas ha de ser también pertinente y enfocada en el tema tratado. Si el diálogo se pierde o divaga, es necesario retomar el foco. Para ello podemos pedir si alguien puede hacer un resumen de las ideas más importantes tratadas hasta ese momento.

Si las intervenciones no están engarzadas, si solo resulta una yuxtaposición de exposiciones, hay que buscar la relación entre ideas, tanto si están en sintonía como si se contradicen.

Cambiar de opinión. Apoyar el cambio de opinión articulando la razón por la que ello ha sucedido, nos permitirá entender que nuestro pensamiento puede ser flexible y seguir a la razón.

 

III – Para promover el pensamiento crítico.

El hábito de dar razones. Ofrecer razones en las respuestas debe ser una constante, es así como sacamos a la luz creencias, ideas, latentes que están operando en nuestro modo de vivir sin ser del todo conscientes.

El hábito de problematizar. Cualquier idea es susceptible de ser cuestionada, es así como vemos la solidez o fragilidad de nuestras ideas.

Diferenciar posicionamiento y argumento. Es útil manejar esta diferencia para poder evaluar una respuesta. La respuesta a una pregunta cerrada tendrá que contener un posicionamiento (Sí o No) pero además tendrá que presentar un argumento que será la razón que apoye ese posicionamiento. En una pregunta abierta, se empieza por responder con una hipótesis (que sirve como posicionamiento) que se verá ilustrada con otras ideas (argumentos) que la apoyen y muestren su validez.

Diferenciar crítica interna de crítica externa

Crítica Interna: en la comprobación de la claridad, la relevancia, la coherencia…dentro de la propia respuesta y también la pertinencia con respecto a la pregunta.

Crítica Externa: consiste en el cuestionamiento de los supuestos que subyacen a la respuesta o en la objeción sobre las ideas desde otra perspectiva, otro sistema de valores u otro paradigma de pensamiento.

Pensar dilemas. La realidad nos plantea a menudo situaciones en las que se superponen o se contradicen valores que nos gustaría respetar. Necesitamos discriminar las razones para poder proceder a una decisión. Ante un dilema se ponen a prueba nuestra capacidad reflexiva y nuestra paciencia para tratar cuestiones problemáticas.

IV – Para promover actitudes favorables al pensamiento.

Perder el miedo al error o a la incapacidad. La pregunta es siempre un reto y así hay que planteárselo, no como algo que ha de tener una respuesta asegurada. Incluso para el profesor, el hecho de no tener la respuesta no es más que un momento en el que el pensamiento se pone en marcha y dará el fruto cuando sea, quizás no inmediatamente.

Interesarse por el compañero y sus ideas. Prestar atención a ideas que resulten novedosas o incluso extrañas, no desecharlas antes de examinarlas. La mejor forma de respeto no es aceptar sin más las ideas de otro sino entrar en diálogo con ellas.

Consciencia sobre las emociones. Hacerse observador de las propias reacciones, de las emociones que nos suscita el hecho de tener que hablar y expresar ideas o tener que escuchar las de los otros. La consciencia, en sí misma, es un regulador de las emociones.

La colaboración. El diálogo no es una pelea de ideas ni un “a ver quién puede más”. El diálogo es una indagación sobre una cuestión. Se puede delegar ciertas funciones en algunos alumnos (de manera rotativa) por ejemplo el “detector de respuestas que no responden” (dicho de manera humorística acerca de aquellas respuestas que se desvían notablemente de lo que se pregunta). O el “detector de objeciones que no objetan” (cuando se quiere contradecir una idea pero lo que se ofrece no funciona como contraposición).

V – Límites prácticos del diálogo

 El consenso. Una vez registrados los desacuerdos y ante la imposibilidad de la unanimidad se puede usar el voto de la mayoría para decidir sobre la conclusión a ofrecer.

La mejor hipótesis. Debemos aceptar la hipótesis que tengamos mientras no tengamos otra mejor, a menos que podamos demostrar que no tiene ningún sentido.

El valor de la palabra. Tomamos la palabra del que expone la idea tal y como la emite. Si ante la reacción de sus compañeros el que habla considera que la puede mejorar, bienvenida será la mejora. La claridad de ideas se traspone a la claridad de la palabra.

VI – Para fomentar la conciencia de lo aprendido

Evaluar el trabajo justo antes de finalizar.

Sintetizar las ideas surgidas.

Sacar conclusiones.

Evaluar lo que ha pasado: si ha habido problemas en la discusión y si se han resuelto.

Hacer una relación de lo que se ha aprendido.

Oscar Brenifier y Mercedes García Márquez, Febrero 2020.

——————————————————————————

PARA PROFUNDIZAR EN LOS MODOS DE COORDINAR UN DIÁLOGO DE MANERA QUE SE PROFUNDICE EN LAS IDEAS SURGIDAS EN UN DIÁLOGO CONSULTAR LAS SIGUIENTES OBRAS DE OSCAR BRENIFIER:

“EL DIALOGO EN CLASE”

http://www.pratiques-philosophiques.fr/wp-content/uploads/2015/07/El-dialogo-en-clase-ORIGINAL.pdf

“LA PRÁCTICA DE LA FILOSOFÍA EN LA ESCUELA PRIMARIA”

http://www.pratiques-philosophiques.fr/wp-content/uploads/2018/03/Filosofia-escuela-primera-esp.pdf

La Música en la Práctica Filosófica

de Mercedes García Márquez

Argenteuil, 17-18 de enero de 2015, durante un seminario de Práctica Filosófica en el Institut de Pratiques Philosophiques hemos hecho una aproximación filosófica a las artes: Pintura, Teatro, Foto y Música.

Dos participantes presentamos un taller sobre música. Antes que yo Isabelle Millon nos hizo su propuesta de reflexión sobre la música: Nos hizo escuchar dos piezas (Haendel y música Sufí) y pidió elegir entre las dos y escribir el argumento que sostenía la elección. Después se le pasaba la hoja al compañero de la derecha y éste debía encontrar algún problema u objeción. Profundizamos  en las razones. La problemática que más tiempo nos llevó fue la de la subjetividad del juicio y si esto lo hacía irrefutable y la de la posibilidad de hacer un juicio objetivo sobre la música y el arte en general.

El surgimiento de este problema fue muy oportuno para poder plantear mi propio taller sobre música basado en la metodología de MUSICOSOPHIA y aprovechando la dinámica de la PRÁCTICA FILOSÓFICA. Esta fusión se convierte en un modo de investigación activo sobre una pieza musical que pone en práctica unos instrumentos conceptuales para hacer un acercamiento plurifacético de la pieza musical: desde el acercamiento fenomenológico al de la conceptualización, desde el experiencial al análitico y siempre con el cuestionamiento como instrumento y el diálogo como medio de reflexión realizada en común.

Plantee el taller en cinco etapas de trabajo que en la Práctica filosófica siempre son muy lentos, muy detenidos, reflexionando sobre cada cosa. Agradezco especialmente a los organizadores que me dejaran prolongar mi taller hasta 2h 30 mn.

En la primera les hice escuchar la pieza con los ojos cerrados y primero vimos cuál sería la razón por la que cerrar los ojos mejoraría la escucha. Y después de la audición  les pedí escribir un concepto que estuviera en relación con lo que habían oído.

En la segunda etapa, les hice tararear, y vimos el efecto de tararear, la dificultades para bien y para mal y para algunos la imposibilidad.

En la tercera les pedí que eligieran cuál había sido el modo que les había acercado más a la música escuchada,  si adjudicarle un concepto o tararearla. La sala estuvo dividida más o menos al 50%. Se expusieron las razones que fueron profundizadas con preguntas.

En la cuarta etapa, se volvía a escuchar la pieza tratando de buscar criterios que nos permitieran analizar la pieza, distinguir elementos, discriminar partes.

Tomamos nota: definición/indefinición, los diferentes instrumentos, la melodía y el fondo, frases y repeticiones. Que fueron aclarados y cuestionados, especialmente el de las frases, término en el que nos detuvimos bastante para ver cómo era eso de la frase en música. Salieron a relucir  varias cuestiones relacionadas (entre otras si la música siempre tenía frases y repeticiones o no, salieron a relucir algunas músicas que no son así como el freejazz)… alguien quiso sustituir el término “frase” por “motivo”, otros decían que motivo era demasiado instantáneo que “frase” le iba mejor porque se daba más en el tiempo. Y aunque costó dar algunas vueltas alguien al final verbalizó que la frase se formaba con un silencio delante y otro detrás. Al menos ese era suficientemente claro y operativo  para poder aplicarlo.

Y así lo hicimos en la quinta etapa, en la que procedimos a una nueva escucha de la pieza (el Allegro de Les petits riens de Mozart) buscando aplicar el criterio de la distinción de las frases y nombrarlas con letras para poder identificar las repeticiones.

JM se prestó a exponer su trabajo en el que había  contemplado  unas divisiones extremadamente precisas, (a,b,a,c,d,e,d,e,a,c´) división que dejó conformes a la mayoría, menos a una particpante que decía que estaba demasiado troceado y se perdía el sentido más unitario que era A,A,B,A. Esta nueva propuesta dió pié a hablar de separaciones como “comas” y separaciones como “puntos”. ..y yo me limitaba a devolver al grupo si les parecía bien o si tenían alguna crítica. Fue impresionante como surgía del grupo todo un estudio musicológico a partir de la pura atención al fenómeno y la reflexión sobre él.

Disfruté muchísimo, y ellos también. No todo el rato fué fluido hubo momentos de atasco pues el animador filosófico no se debe dejar vencer por la tentación de resolverles las cosas y debe hacer que sean ellos los que busquen la salida … a base de preguntas es como nosotros avanzamos, si avanzar se puede llamar a ese paso lento y a veces dificultoso en el que nos paramos a cada obstáculo para examinar su importancia y su efecto. No deja de ser una buena escuela de paciencia y por tanto de humildad. El premio es un aprendizaje con buenas bases, y que te da autonomía individual y también ganas de seguir  compartiendo con los demás los procesos de investigación.

Ho´oponopono, un concepto interesante.

Esta palabra de sonido divertido es un interesante concepto. La Wikipedia lo define como el arte hawaiano muy antiguo de resolución de problemas basado en la reconciliación y el perdón.
Lo que me gustaría destacar es la enorme cantidad de significado que la sola pronunciación de esta palabra puede llegar convocar.
La construcción de la palabra consiste en el prefijo ho´o que sirve para convertir en verbo al sustantivo “pono” cuyo significado es tan vasto que prácticamente incluye todas las bondades imaginables: “bondad, rectitud, moralidad, cualidades morales, procedimiento apropiado o correcto, excelencia, bienestar, prosperidad, beneficio, condición verdadera o natural, deber, adecuado, propio, justo, virtuoso, equitativo, beneficioso, exitoso, en perfecto orden, preciso, correcto, facilitado, aliviado, deber, necesario.”
Lo de la duplicación de “pono” en “ponopono” … es un misterio… quizás responda a que los hawaïanos no tienen temor a resultar insistentes…

El diccionario hawaiano nos dice que Ho´oponopono se refiere a “higiene mental: conferencias familiares en donde las relaciones se corrigen a través de la oración, discusión, confesión, arrepentimiento, compensación mutua y el perdón”.
Una buena práctica que no se encuentra en muchas culturas.